sábado, 24 de febrero de 2018

Homenaje a Juan Linares Bueso. Unión Musical de Ugíjar


                  El 21 de noviembre murió mi padre. Después de una larga enfermedad y de un largo sufrimiento el cuerpo dijo basta. Su corazón dejó de latir. En ese corazón siempre ha existido una pasión: esa ha sido la música. Yo sólo tenía 9 años cuando entró a la casa y me dijo que él era el nuevo presidente de la banda, nuestra banda, la Unión Musical de Ugíjar. Desde entonces los cambios se sucedieron y en él resurgieron nuevas esperanzas e ilusiones.

                  El primer paso que dio fue ofrecer, a cambio de nada, nuestro local para que la banda tuviera un lugar donde ensayar y acoger a los alumnos que estaban aprendiendo música. La casa no estaba acabada cuando ya teníamos la banda, con ensayos y músicos a diario. Él quería que la Unión Musical de Ugíjar progresara, que subiera el nivel. Así no tardó mucho en hacerse con Domingo Gálvez. Recuerdo que fueron los tiempos de empezar a tocar “obras” y dejar un poco al lado el repertorio habitual de la banda. Estampas Andaluzas, Los Celos y el Viento, La Danza del Sable… qué tiempos aquellos! Seguro que más de uno de los que lean esto se acordarán de esos ensayos míticos. Ensayos en los que hacíamos pruebas de velocidad: ”hay que tocar lo más rápido posible!”. Parece algo trivial pero todo era una novedad. Entre esos ensayos también había reuniones. Qué reuniones… en todas se refería a Joaquín para que le echara una mano o le diera su opinión. Jaja, era su ojito derecho.

                  Todo y cuanto hacía lo planeaba para el bien de la banda. Fueron días interminables dando viajes a los pueblos para buscar contratos. Para buscar un sitio digno donde los músicos comieran y se olvidara ya la vieja tradición de ir con el bocadillo en la maleta. Para que la banda tuviera todos los más contratos posibles. Fueron veranos de no parar. De enganchar fiestas con fiestas e incluso partir la banda para no perder sitios donde ir a tocar. A los pueblos, a los cortijos. Se lamentaba cuando alguien le cogía el contrato anticipándose a la banda. Él disfrutaba, venía con nosotros y dejaba apalabrado el contrato del año siguiente con Paco, que en paz descanse, y con Cecilio. Esa era su vida. Era su alegría.

                  Poco a poco llegaron nuevos proyectos. Se puso en marcha la venta de lotería. Y él la vendía a diario desde la librería. Parecía que le importara más la Unión Musical que el propio negocio. Así vinieron Los Reyes al pueblo y se hizo una gran caja. Se tuvo que pedir lotería varias veces. Un trabajo arduo. Todo para comprar instrumentos para la banda. Todo para que la banda fuera emergiendo poco a poco. En su cabeza, en su día a día, estaba la planificación de encuentros con otras bandas, veladas, actuaciones en certámenes. Todo. Yo recuerdo que muchas veces le dije: ”Papá tienes que parar, no puedes con todo”. Pero esa era su vida. Todo era poco para la banda.

                  También fue una época difícil. La competencia entre las dos bandas de música del pueblo estaba en lo más alto. Muchas veces la competencia fue desleal. Lo vi sufrir y llorar ante descalificaciones a lo personal y a la banda. Esto es duro. Eso le afectaba. Pero nunca vi en él un signo de rendición. Él supo aprovechar estos momentos para renacer con más fuerza. Cada comentario negativo sobre la banda le seguía una respuesta: “hay que montar un nuevo concierto”. Cada comentario perjudicial sobre la banda le seguía: “hay que conseguir un nuevo contrato”. Cada comentario adverso sobre la banda le precedía: “hay que lucir la banda en otro certamen”. Lo fácil es rendirse. Lo fácil es dejarlo todo y vivir tranquilamente. Pero eso no estaba en su ADN.

                  Ahora, desde el cielo, seguro que ve orgulloso los progresos de la banda que con tanto trabajo y dedicación ayudó a reflotar. De esa banda con una gran escuela de música y con una gran masa social detrás. De esa banda que es capaz de levantar el aplauso unánime de todo en pueblo en cada actuación. Él gozaba yendo a los conciertos de la banda, viendo a su hijo tocar en ella, y observando que el proyecto que él ayudó a crear sigue todavía en pie. Por eso, y en su nombre, quiero agradecer a la Unión Musical de Ugíjar este detalle que han tenido con mi padre. Porque sé que él lo lleva en el corazón allá donde esté y porque sé que nunca se va a olvidar de su gran pasión. La música.
                 
                  

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