lunes, 27 de marzo de 2017

En el sistema educativo hay algo que no funciona...





          Llevo 13 años siendo profesor. 13 años enseñando en diferentes sitios de muy diferentes características. 13 años viendo como la educación, el sistema educativo y el respeto a la cultura se ha ido degenerando cada vez más. Sí, cada vez más. Ha llegado el momento en el que uno se cansa, mucho. Estoy cansado de ver lo que presencio a diario y de cómo se acepta como normalidad. Por eso y por respeto a los valores que he aprendido en mi casa quiero decir esto: estoy cansado.

         Estoy cansado de padres sobreprotectores que piensan que educar bien a un hijo es darle la razón en todo y comprarle todos los caprichos. Padres que te llaman al instituto pidiéndote explicaciones de por qué le has regañado a su hijo o por qué no aprueba aún sin hacer nada. Padres que no entienden que los niños, como niños que son, engañan y manipulan (muchas veces) para justificar un mal comportamiento o una mala calificación. Padres que no entienden que antes de encararse con un profesor deben hablar educadamente con él y contrastar la información. Padres que se sientan con sus hijos a estudiar todos los días y que no entienden por qué su hijo es incapaz de estudiar solo. Padres que amenazan con hablar con el director-inspector-consejero o quién sabe quién porque a su hijo no le cae bien el profesor de turno y a su juicio le tiene “manía”. Padres que son incapaces de poner disciplina a sus hijos, como hijos suyos que son, y vienen al instituto echándole la culpa a la comunidad educativa del comportamiento horrendo de sus hijos. Padres que se piensan que quitarle la autoridad al profesor es la forma de ganarse el cariño y admiración de su hijo. Y por último, padres que en su vida no se han leído un libro y no entienden qué “coño” hacemos los profesores para que a su hijo no le guste la lectura.

                Lógicamente estas actitudes tienen su fruto en los alumnos. Este es el precio que todos pagamos. Uno se harta de alumnos que no respetan. Sí, no respetan ya que el significado de esa palabra les es desconocido. Alumnos prepotentes que se piensan que pueden tratar al profesor como quieran. Alumnos que no entienden que hay unas mínimas normas de convivencia en la clase y que la autoridad dentro de clase es el profesor de la asignatura. Alumnos que se creen que por estar en la escuela de idiomas saben y pueden corregir las cosas que dice el profesor de inglés. Alumnos que piensan que por estar en el conservatorio o en la banda de música no tienen nada que aprender y saben más que su profesor. Alumnos que te dicen en tu cara que hoy te la van a liar en clase porque así lo quieren ellos. Alumnos que a pesar de desvivirte por ellos en el día a día no te saludan por la calle. Alumnos caprichosos, insolentes y malcriados que te responden y te tratan como un cualquiera. Alumnos que se tumban en la mesa y solo se levantan hasta que suena el timbre. Alumnos que tienen un móvil de 700 euros que no saben de dónde ha salido ni saben usar. Y por último, y más peligroso alumnos que no valoran el tesoro en forma de conocimiento que se les da “simplemente” para enfrentarse a la vida de forma más autónoma e independiente.

             El desastre no se queda solo a este nivel. Quien hace las ley hace la trampa. Por eso aquellos iluminados que redactan las leyes de educación y aquellos que las hacen cumplir tienen mucha responsabilidad de la situación actual. Estoy muy cansado de los políticos déspotas que dicen cómo hay que enseñar y nunca han dado una clase. De políticos que por intereses partidistas no se ponen de acuerdo para consensuar una ley de educación que rija este país por al menos 20 años. De políticos que no incluyen como se debe al profesor como figura de autoridad y que no sancionan como se debe a los que no cumplan esta norma. De formas de pensar que dicen que todos los alumnos son iguales obligando a alumnos buenos a perder su tiempo y ser continuamente molestados por aquellos que no quieren hacer nada. Estoy cansado de directores que dirigen los centros desde el miedo a sus compañeros. De directores que exigen lo que ellos no hacen y que por supuesto siempre (para dar ejemplo) se cogen las mejores clases o en su caso no dan ni clase. Estoy cansado de que se solape a aquellos con ganas de hacer, con ideas nuevas y frescas, con ganas de cambiar por temor a que lo haga mejor que yo y se descubra que soy un inútil. Estoy cansado de que el sistema no tenga ningún mecanismo (más allá de la dedocracia) para detectar a estas personas y las pongan en el lugar que se merecen. Estoy cansado de que se premie la mediocridad, la falsa sensación de éxito y la continuidad que no lleva a nada. Y por último, estoy cansado de aquellos que no paran de quejarse y no mueven un solo dedo para cambiar las cosas.

               Alguien puede pensar que esto no sirve de nada si lo único que se destaca es lo malo y no se propone nada para cambiar. Por eso quiero proponer mi solución. Miren: hacer una ley y vivirla desde dentro tiene que ser una obligación. Hacer las cosas desde un despacho y desentenderse es una absurdez. Además también hay cosas que hay que hacerlas porque toca y otras cosas que se pueden hacer por devoción. Ir al colegio y al instituto es una obligación. Estés motivado o no. Lo mismo que tus padres te ponen un plato de comida todos los días estén o no motivados. Estudiar es una obligación. Se quiera o no estamos en un modelo de sociedad en el que el conocimiento es la base para salir adelante y para ganarse el pan. Si al principio no gustan algunas asignaturas no pasa nada. Se estudian y punto. En mi caso, cuando era chico, odiaba el contrapunto. Después de hacer cientos de ejercicios le he cogido el tranquillo y ha empezado a gustarme. A casi nadie le gustan las lentejas cuando las come por primera vez del mismo modo que las matemáticas tampoco suelen agradar. Solución? Te las comes, que con el tiempo te empezarán a gustar. No se trata de hacer lo que uno quiera en cada momento. Ese el problema. Ese es el gran problema. No se trata de estar constantemente motivando. La motivación es algo muy personal. En verdad nadie está continuamente motivado. No se trata de echar la culpa al que te han dicho que te tiene que motivar. Se trata de hacer las cosas cuando toca. Todo tiene un momento en la vida. El verdadero fracaso es saltarse estas etapas. El verdadero fracaso es no sembrar bien. El verdadero fracaso, y con esto acabo, es no educar bien.



5 comentarios:

  1. Totalmente de acuerdo amigo, y le subo un cansado más el de la creencia de esta nuestra sociedad del que bien viven los profesores, Un saludo Juan Baby ;)

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  2. Yo también soy profesora, en mi caso, de Biologia. Me considero una profesora motivada, enérgica, volcada en su trabajo q cree de corazón q desde él se puede cambiar el mundo. No me importa emplear fines de semana y puentes en preparar clases, acitividades o corregir; llevo dos años coordinando un voluntariado con los alumnos, haciendo reuniones en los recreos (por lo q no desayuno) y llevando a cabo actividades para sacar dinero para el proyecto elgido todas las tardes q se tercien; trabajo valores, desarrollo del pensamiento critico y responsabilidad con los alumnos más mayores a través de un blog q cada año es distinto pues ellos son distintos (el de este curso ha sido este, x si queréis bichearlo: http://cienciasdelatierralua2017-18.blogspot.com/?m=1); he asesorado a alumnos y los he acompañado a centros de drogodependencia durante todo el proceso de desintoxicación cuando me confiesan q quieren dejar los porros; llevo el programa Aldea sobre educacion ambiental en mi centro y este año he empezado un nuevo proyecto llamado "Profundiza" en el cual los niños van x ciertas tardes al instituto para aprender la asignatura a través de prácticas en laboratorio o en el campo... Entre otras cosas.

    Pero nada de eso hace q a mí, que no llevo 25 años enseñando, me paguen ni siquiera igual q al dinosaurio q se rasca los genitales y no mueve un dedo pero tiene muchos sexenios; ni me da derecho a faltar una mañana a clase cuando pierdo un avión y he tenido viajar toda la noche; ni me permite entrar dos horas más tarde tras pasarme una semana con los alumnos de viaje de estudios en la q estás pendiente de ellos 24h los 7 días de esa semana (en la q trabajo el finde gratis); ni elimina los comentarios de algunos compañeros del tipo "no trabajes tanto q te van a pagar lo mismo" o "yo antes era igual pero no merece la pena" o "ya te cansarás, si total, nadie te lo agradece" o el de el resto de ciudadanos no amigos íntimos y q no saben estas cosas, esa típica y domolorosa frase q Juan ha puesto: "Que bien vivís los profesores", que elimina cualquier esbozo de posible pensamiento de q nos esforzamos y nos importa (y mucho) nuestro trabajo.

    Ciertamente, tengo un sueldo digno y unas vacaciones os aseguro q MUY NECESARIAS, si tabajas 6h al día con adolescentes y padres entre los que encuentras los del tipo que ha mencionado Juan, q no son pocos.
    Aunque tengo q reconocer q sí, tengo un sobre sueldo pero no me lolda nadie de arriba, me lo dan esos ojillos brillantes, q también los hay, q se alegran de verme cuando ya no son mis alumnos y cruzan la acera para saludarme o me envían un correo para darme gracias x lo q aprendieron conmigo.
    Pero... Creéis q la gente como yo puede mantenerse en el tiempo con esa ilusión q yo tengo cuando a tu trabajo le sumas familiares enfermos, hijos propios, problemas varios y NINGUN RECONOCIMIENTO DESDE LA ADMINISTRACIÓN POR TU ESFUERZO?? Pues la verdad es q ojalá no me pasé, pero soy humana y si algo no cambia, me ocurrirá como a todos. La excelencia hay q premiarla y potenciarla y como no se hace y a eso se le suma toooooodo lo expuesto por el presente bloguero, pues así nos luce el pelo: NO, EL SISTEMA EDUCATIVO NO FUNCIONA.

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  3. El sistema no funciona y la pena es que a ningún político le interesa cambiarlo por un bien común y superior. Miran para otro lado y todo cada vez peor en la Educación.

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